Nos hemos acostumbrado a llenar cada espacio. Si esperamos, sacamos el teléfono. Si caminamos, ponemos un podcast. Si tenemos una hora libre, buscamos algo que hacer.
Pero no todos los minutos necesitan tener un propósito. Dejar pequeños espacios sin estímulos permite que la mente divague, conecte ideas y simplemente salga, por un momento, del modo de atención constante.
El vacío no siempre necesita llenarse. A veces necesita permanecer vacío.
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Cómo convertirlo en un ritual
- No llenes cada espera. La próxima vez que tengas cinco minutos libres, prueba no sacar inmediatamente el teléfono.
- Haz alguna cosa sin acompañarla de otra. Camina sin podcast. Toma café sin trabajar. Maneja algún trayecto sin llenar cada minuto de contenido.
- Deja espacio entre actividades. No necesitas pasar de una junta a otra, del trabajo al gimnasio y del gimnasio a la cena sin transición. Incluso diez minutos pueden cambiar el ritmo del día.
- Permítete aburrirte un poco. No tienes que resolver inmediatamente esa incomodidad. A veces, cuando dejamos de buscar estímulos, aparecen pensamientos que nunca tenían espacio para llegar.
Para cerrar
No todos los espacios vacíos están esperando ser llenados. Algunos están esperando ser vividos.